Un día me buscaron.
En 1983, no recuerdo la fecha, estando en la quinta vinieron a visitarme dos consejeros de la Cooperativa Agrícola. Uno era Navidad Moles y el otro Agustín Culich. La conversación giró en torno a que la Cooperativa tenía problemas económicos/financieros que pedían mantuviera en reserva, y que el consejo estaba disconforme con el gerente Ricardo Avendaño.
Me consultaron si yo no podría hacerme cargo de la gerencia y ver de encarrilar la Cooperativa. Creo que me tomé un par de días para pensar y por sobre todo hablar con Roberto Cataldi (yo era Consejero del Banco, ver ese capítulo) para saber si contaría con apoyo financiero del Banco porque de otra manera no me podía hacer cargo porque el déficit de la Cooperativa Agrícola era enorme. Yo estimo en US 500.000 en esos años (yo calculé unos 25 Falcon cero km). Roberto me ofreció que gire en descubierto lo que necesitara y cuando el monto fuera muy grande transformarlo en crédito.
Apareció FACA.
También vinieron de Rosario el Gerente General Osvaldo Morosín y algún consejero de FACA (Federación Argentina de Cooperativas Agrícolas) a conversar sobre la delicada situación de la Cooperativa de San Eduardo y a conocerme y charlar sobre el futuro. También a ellos les informé que tenía apoyo del Banco Integrado pero que solo me haría cargo si ellos, FACA, también apoyara financieramente la Cooperativa hasta poder ver bien en que situación estaba y poder salir del problema aunque sea precariamente. La conversación terminó en "vamos viendo" dado que por un lado ellos a mi no me conocían y por otro la Cooperativa ya tenía deuda importante sin cancelar con FACA.
El Banco Integrado Departamental.
Al final con el apoyo del Banco Integrado acepté hacerme cargo de la gerencia. Había informes de auditoría externa de FACA que mostraban el deterioro. Me encuentro, yo y los consejeros que no lo sabían, con muchas situaciones curiosas. Por ejemplo el Gerente Avendaño había tomado un crédito en el Banco Integrado y había colocado el mismo dinero en plazo fijo. Esto es pagaba más intereses mensuales que los que cobraba. No supimos la razón pero creo que disimulaba que le sobraba dinero.
Los empleados, problemas con algunos y con Dacatra.
Los empleados estaban bastantes reticentes a mi ingreso y muchos con falta de colaboración o cuestionamientos que me generaron discusiones y malos momentos. Igualmente comencé a ubicarme y hacerme respetar.
Uno de ellos fue el Coco Foressi con el que tuvimos un encontronazo de entrada pero que fue solucionado muy rápido. El otro fue Dacatra pero este tema fue a mayores. El era una especie de difusor/docente del cooperativismo. Figuraba como empleado, tenía un Falcon a su disposición y cobraba viáticos en sus viajes en los que daba charlas.
La situación de la cooperativa no daba para estas docencias. De modo que le informamos que se había decidido no seguir con estas charlas, que se tenía que presentar a trabajar en las oficinas y devolver el Falcon. Bueno, ninguna de las dos cosas aceptó. De modo que tuve que ir con la policía, el titulo de propiedad del vehículo a sacárselo. El Falcon que estaba a nombre de la Cooperativa de San Eduardo había sido comprado en conjunto con la de Sancti Spíritu y Amenabar. En común acuerdo fue vendido. Fue todo un escándalo que terminó en un juicio laboral.
La desconfianza de los asociados.
Lo primero que ocurrió es que los productores asociados desconfiaban de la situación financiera de la Cooperativa. Como tenía la posibilidad de pagarles porque el Banco Integrado me respaldaba, los primeros días las liquidaciones de cereales que había que pagar las pude hacer sin problemas y la desconfianza se fue terminando.
Las deudas de asociados y consejeros.
Las cuentas corrientes de muchos consejeros eran un desastre, con deudas enormes que no estaban en condiciones de cancelar. Muchos asociados no consejeros también adeudaban sumas inmensas para el patrimonio que tenían. Traté de ir poniendo orden en el tiempo y para nombrar dos casos graves uno del asociado Kegalj que con su anuencia colaboré para que vendiera su campo y arreglara su situación. Otro caso de Domingo Culich que consultado por mi un día como pensaba regularizar su situación, me mal contestó con mucha altanería "un Culich nunca dejó de pagar sus deudas" y se fue. Al día siguiente me llegó una carta documento en la que se me informaba que se había presentado en concurso. Nunca pudimos cobrar un peso.
Años más tarde hasta el Presidente del Consejo Jerónimo Perich incumplió su deuda y desapareció de la Cooperativa. Como más adelante falleció tampoco se pudo recuperar lo que debía.
El gerente es despedido.
Al Gerente despedido no se le podía indemnizar porque no se estaba en condiciones de afrontar ese pago. No había dinero. De modo que se resolvió no pagarle y dejar que haga juicio que muchos años más adelante ganó y hubo que liquidar.
Seis mil litros de aceite 3 Patitos.
Con los empleados también hubo algunos problemas. Recuerdo que el encargado del supermercado, Antonio Pierani, se ocupaba de las compras. Yo cuando revisaba lo que compraba había detectado mucha compra de aceite 3 Patitos. Entonces lo llamé y le pedía que se moderara porque no había dinero para tener mucho stock. Pero un día que el no se encontraba en la Cooperativa volvió a mis manos otra factura de aceite 3 Patitos. Entonces le pedí al empleado Rossi que fuera al depósito e hiciera un inventario de este aceite. Volvió como a las tres horas: había 3600 litros de aceite comestible! Mandé a llamar a Pierani y enterado de lo que estaba pasando no solo no volvió más al trabajo sino que fue al Correo por su cuenta y mandó un telegrama de renuncia.
Nos encontramos también en el depósito del supermercado con muchas latas de durazno al natural sin el jugo. Un empleado que ya no estaba les había hecho un agujero y les tomaba el jugo.
Las auditorías.
FACA tenía un servicio de auditorías externas por el cual cada tres o cuatro meses un contador se instalaba en general 5 días y efectuaba un estudio de situación económico/financiera, hacía un informe y lo elevaba al Consejo de Administración. Pero atento a lo complicada que estaba la Cooperativa tomamos un servicio de auditoría interna que venía todos los sábados por la mañana y apuntalaba a los empleados de la parte contable, revisaban las secciones y proponían mejoras en los servicios y en el manejo económico y financiero. Este servicio lo prestaban tres contadores conocidos por mí de Venado Tuerto y que estábamos vinculados por el Banco Integrado Departamental. Eran Arduino, Cinca y Carletta. Esto funcionó bien un par de años pero finalmente lo dejamos de contratar porque empezaron con incumplimientos en horarios y asistencia.
Primeras mejoras.
A medida que pasaban los meses traté de introducir mejoras en lo edilicio y en las operatorias. El gerente despedido tenía a nombre propio una especie de departamento económico social de Federación Agraria Argentina, que por sobre todo vendía sus seguros y obra social. Despedido aquel tuvimos otra cuestión con Federación Agraria porque ellos asumían que el Gerente era empleado nuestro y no de ellos. Todo también fue a juicio y este finalmente se ganó pero las relaciones con Federación Agraria se rompieron y mal.
Mejoramos el supermercado con nuevas estanterías y agregamos un anexo donde instalamos carnicería, verdulería y fiambrería. Se compraba en mayoristas de Rosario pero también agregué de Buenos Aires. Un año compramos un balancín para enganchar a la camioneta Chrevolet y viajaba a Buenos Aires una vez por mes para traer mercadería más económica. La carne también iba la camioneta a Venado Tuerto en la madrugada a buscar medias reses de un frigorífico porque no entraban a San Eduardo. Vendíamos novillitos. Tuve varios carniceros, algunos con problemas que perdían mucha carne, otros a los que le faltaban kilos. El mejor fue Don Ponce, muy prolijo, atento y siempre tan preocupado por todo que yo le pedía que se lo tomara con calma. Un día falleció de un infarto en la Cooperativa. También mejoramos mucho la ferretería y un lugar para las reuniones del Consejo de Administración. Atrás, en el amplio patio que tenía la Cooperativa, hicimos un alero de chapa de fibro cemento todo alrededor de las oficinas y de las otras dependencias, ferretería, sala de consejo y carnicería. También acomodamos un asador para comer algún asado después de las reuniones.
También mejoramos los depósitos, uno de supermercado, otro de ferretería y corralón y uno más pequeño para agroquímicos. El corralón ofrecía todo lo necesario para la construcción, arena, cemento, etc. que acumulábamos detrás de los depósitos.
A propósito ya en esa época se necesita un Ingeniero Agrónomo para la venta de agroquímicos y la firma de recetas, lo que hacía yo sin cobrar por esta función. Solo cobraba el sueldo de Gerente.
También instalamos un tanque y un surtidor para despachar combustible, y más adelante se agregó un terreno y oficina del otro lado de la via del señor Perelli que vendía combustible para hacerlo nosotros.
Las oficinas también de a poco las hicimos mas funcionales, y hicimos una gerencia vidriada al medio de donde podía ver todo el movimiento y trabajo de los empleados. Al fondo había una pequeña cocina muy cómoda para tomar algo. Al frente había cerrado con una mampara de aluminio y vidrio para separar al público. Había una habitación antes de esta mampara donde instalamos un par de sillones para que pudieran sentarse los asociados a esperar si lo tenían que hacer o para algún reunión y una pequeña oficina que tenía los equipos de radio y teléfono.
Las plantas de silos y el acopio.
No recuerdo bien el tonelaje pero la planta principal tenía unas 5000 toneladas de capacidad, una tolva grande de descarga, una secadora y una balanza. La balanza estaba en muy malas condiciones y a los dos o tres años tuve que comprar una nueva. La secundaria en el ferrocarril tendría unas 800 toneladas y un galpón que se podía utilizar como tolva o para bolsas de semillas.
Siempre fue un tema las pesadas. Los asociados pensaban que les robábamos cereal (igual pensaban del otro acopio) y con los años la Cooperativa Eléctrica Rural instaló una balanza donde se controlaban los pesos. Esto fue importante para aclarar las dudas.
La secadora tuvo que revisarse y un año se nos prendió fuego lo que implicó nuevos arreglos.
Acopio exitoso.
Los primeros años tuvimos mucho éxito en el acopio con nuevos asociados e incluso estancias grandes lo que nos llevó a un importante tonelaje acopiado en el año entre trigo, maíz, soja y un año algo de girasol. En 1987 habíamos pasado de 11 mil toneladas anuales a más de 27.000 toneladas.
Tuve muchos problemas de logística por la cantidad de camiones y acoplados que se amontonaban para la descarga. Hubo días que se trabajaba hasta las 11 de la noche y se arrancaba temprano.
Era tan importante la entrada de cereal como que había que sacarlo para puerto. En esos años no se conocían los silos bolsas de modo que todo iba a los silos de chapa. En el puerto podíamos hacer negocios "a fijar" para poder enviar el cereal sin vender.
Problemas con el Centro de Camioneros y San Eduardo Cereales.
Pero para sacarlo necesitábamos camiones y tuve grande problemas con el Centro de Camioneros comandado por Albizu y Sacco. Ellos tenían muy buenas relaciones con la firma de la competencia San Eduardo Cereales cuyo gerente era Rosatti. Fue muy complicado todo. Por un lado Rosatti habían iniciado una campaña de desprestigio contra mi publicando anónimos que los había confeccionado (averigüe) la entonces señorita Albizu. Tambien descubrimos que la máquina de escribir había sido de esa firma y había sido escondida en la casa de un empleado.
Por otro lado el Centro de Camioneros cuando le solicitaba camiones para cargar o no tenía o me enviaba menos de los que necesitaba. En esos años había una ley que nos obligaba a cargar en los centros locales. Pero como ellos no me daban los que necesitaba para complicar el acopio, y pedí varias veces camiones de otras localidades que no estaban inscriptos en los centros de camioneros. Hubo muchas peleas y discusiones subidas de tono para que estos camiones cargados pudieran salir a puerto. En una oportunidad me hicieron un piquete frente a la Cooperativa y entraron Albizu y Sacco a quienes saqué insultando hasta la calle. Yo no les tenía miedo pero no fueron fáciles todos esos años.
Nosotros colaborabamos con la policía dando combustible y a veces compramos neumáticos para su patrullero. Cuando tuve estos problemas con el Centro de Camioneros, estos habían "coptado" al comisario. Resulta que en una oportunidad que estábamos cargando camiones de afuera vino el comisario a verme. El me manifestó que lo habían visitado del Centro de Camioneros para pararnos los camiones pero que le avisáramos a que hora salían para que el no estuviera en San Eduardo. Así hice y lo llamé. Lo único que hizo fue detenerlos a mitad de camino a Venado Tuerto junto a un montón de camioneros.
Esta guerra terminó cuando asumió en la presidencia Menem y su ministro de economía Cavallo eliminó la obligatoriedad de contratar camiones de la localidad dejando libre la contratación de los fletes como la discusión de las tarifas.
El sindicato de pistines: Uatre.
Otra historia fue la del sincato de pistines que era obligatorio emplear para la carga y descarga del cereal o el movimiento de bolsas. Este era comandado por Arrien. Tuvimos relaciones de todo tipo, desde las amistosas hasta las de casi pelearnos a trompadas. Arrien tenía comportamientos mafiosos. En los mejores momentos, en los que logramos convivir, el imponía aumentos en las tarifas y se quedaba con los aumentos y no nos permitía liquidarlos a los pistines. A tal punto que escribí un convenio con el, que le hice firmar y lo guardé en la caja fuerte, en el que manifestaba que nos pedía que acreditaramos estos aumentos en su cuenta corriente y que el se ocuparía de liquidarlos. Una manera de cubrirnos legalmente de un robo encubierto.
Los operativos del ferrocarril.
Sobre las vías del ferrocarril teníamos una planta de silos más pequeña, unas mil toneladas. Se dieron dos situaciones. Una que aumentamos mucho el acopio y no podíamos sacar a puerto todo en camiones. La otra que nos obligaban a enviar cierto tonelaje por ferrocarril por año. Los operativos mínimos eran de 1500 toneladas cada uno, esto es 30 vagones de 50 toneladas cada uno. Para esto tuvimos que reacondicionarla. Por un lado tuvimos que hacer un desvío de vías para poder derivar los vagones una vez cargados. También tuvimos que poner dos silos pulmones y una cinta para llevar el cereal de los silos a los silos pulmones. Estos eran de unas 90 toneladas cada uno y con ellos cargábamos por gravedad los vagones. Estos vagones los teníamos que correr de a uno con un tractor. Para cargar el operativo trabajábamos 24 horas corridas porque teníamos un período máximo de tiempo para cargarlos. Así un año llegamos a cargar más de 5 operativos.
Mi función como Ingeniero Agrónomo.
Yo había acordado desempeñar esta actividad sin cobrar otro sueldo. Y me llevaba bastante trabajo porque además de ocuparme de la compra/venta de agroquímicos y todo lo vinculado a las semillas (en esa época guardábamos semillas de trigo y soja para entregar a los asociados y estas tenían que ser limpiadas y embolsadas), me requerían para revisar lotes en los campos para saber de las plagas y si había que fumigar o no. También en el caso de las aplicaciones aéreas iba yo a marcarle el lote al avión porque me era más sencillo que explicar como hacerlo. Siempre buscamos para fumigar a Luís Giordana.
La tecnología de entonces.
Las contabilidades se llevaban todas a mano. Quizá un par de años después de que asumiera incorporamos una Audi-5 Olivetti que fue la primera máquina inteligente para las fichas de cuentas corrientes y otras operaciones contables.
Entonces no había internet, ni conocíamos las web ni los correos electrónicos. Años más adelante aparecieron las computadoras y tuvimos que enviar a Buenos Aires a dos empleadas para estudiar como incorporar una a la Cooperativa. Fue un avance importante porque luego en poco tiempo la computación se fue desarrollando y mejoró la velocidad y seguridad de todos los movimientos de cereales y de las cuentas corrientes. Y también en paralelo aparecieron las impresoras.
Tampoco teníamos telediscado. Para establecer una comunicación había que solicitarla a la Oficina de ENTEL y tenían horas de demora. Esto era un obstáculo fenomenal en la comercialización de cereales.
Esta era la oficina de ENTEL que años mas tarde cuando fuí Presidente de la Cooperativa Eléctrica conseguí que ENTEL la pusiera en comodato por 100 años para San Eduardo.





















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