martes, 20 de febrero de 2024

Mi relación con la aviación.

 A principios del año 1968 se hacían los sorteos de los ciudadanos de 18 años para cumplir con el servicio militar obligatorio. Para mi resultaba una tragedia esta situación porque era perder un año de estudios o dos en el caso de que en el sorteo me tocara hacerlo en la marina de guerra como se estipulaba en esos años. Hacerlo en el ejercito o aeronáutica (un año)  o en la marina (dos años) dependía del número de sorteo (mayor 900) y tus últimos tres números de documento. Recuerdo que con mucha angustia el día del sorteo me instalé en el comedor estudiantil para escucharlo. Fue muy dramático y triste cuando llegó mi número de documento (...330) escuchar número de sorteo....971!!!! Marina!! Fue terrible que me tocaran dos años de marina y perder estos años de estudio con las dificultades que ya tenían mis padres para mantenerme. Así volví a Balcarce y tomé mi Libreta de Enrolamiento (que era un documento de identidad con muchas instrucciones) y comencé a leerla para ver si había alguna posibilidad de excepción. Dentro de estas estaban dos que analicé: una que te faltara un dedo, una pierna, un brazo, etc. cosa que casi estaba dispuesto a cortarme un dedo. La otra que los pilotos privados podían pedir realizar el servicio militar obligatorio en Aeronáutica, pasando en este caso a un año.

Les escribí a mis padres de toda esta situación, pronóstico y circunstancias y les pedí si ellos podrían pagarme un curso de piloto privado para evitar un año de servicio militar. La contestación fue que si. Yo había averiguado en el Aero Club Balcarce las condiciones, tiempos y costos de modo que fui y me inscribí para realizar este curso.


No voy a contar en detalle aquí todo esta parte de mi historia con la aviación en Balcarce, porque lo he hecho en homenaje a mi instructor José "Pino" Robetto en un blog que pueden leer en este link José Robetto: As de la aviación italiana. En el cuento como lo conocími primer vuelo solo, sobre Los aeróncas, sobre la instrucciónlas fumigacioneslos vuelos a Puerto Madryn y otras anécdotas que pueden leer allí. Si voy a agregar más en detalle como siguió mi actividad aérea, de estudios y de paracaidismo en Córdoba.


Este es el Piper J.3 con el que realicé el curso de piloto. Yo soy el que está detrás del montante. Este avión era de dos plazas en tandem en el que el instructor de vuelo se sentaba adelante y el alumno detrás porque cuando se volaba solo se debía volar en el asiento de atrás por el centro de gravedad. Me recibí el 7 de septiembre de 1968.






José "Pino" Robetto mi instructor de vuelo con Ester su señora

Tuvimos una vinculación muy intensa con Robetto. El me apreciaba mucho y yo lo admiraba. Cuando me enseñó a volar a las 3 horas y media de instrucción me dijo después de un aterrizaje: "Se anima a volar solo?" ja ...no alcance a contestarle. Se había bajado del J3 y me hacía con el brazo derecho "dele, dele". Y asi fue mi primer vuelo solo.
Después de aprobado el curso de piloto privado con el Inspector Seguetti, me autorizaron a volar el Aeronca Champion que era un paso importante adelante.




Con este avión, LV FRC, más adelante hice un vuelo desde Balcarce a Puerto Madryn. En mi segundo año de piloto, contaba entonces con 25 horas de vuelo, Robetto me dio la oportunidad de ocuparme de sus alumnos y yo acumulaba horas de vuelo. El les enseñaba la maniobra a realizar y luego yo seguía con ellos. Así con unos 7 alumnos. Incluso cada alumno debe realizar una navegación de aproximadamente 200 km para estudiar las hojas de vuelo, como ubicarse, como navegar, las derivas, etc. Y Robetto me dejó acompañar a estos alumnos en sus navegaciones a distintas localidades del sur de la provincia de Buenos Aires. Mi relación con Robetto se amplió a su actividad. El fumigaba con su Pawnee 235 y alguna vez me pidió que le buscara aeronafta del aeropuerto de Camet en Mar del Plata que traíamos en tambores en un camioncito Ford 350. También le tuve que hacer de banderillero en muchas ocasiones. El me mandaba con antelación al lote en el que viajaba o con una Ford 1962 o un rastrojerito que tenía. Yo lo esperaba, marcaba y volvía. En una oportunidad me pidió le marcara un lote en Miramar y me mandó con el aeronca del Aeroclub que fue toda una historia para contar y que está en ese capítulo de fumigación.


A veces me llevaba en su Pawnee. Íbamos los dos sentados uno al lado del otro porque eramos flacos.
En un año de mucho trabajo y que Robetto no podía con todo me ofreció ayudarle con uno de sus Aeroncas. Asi que me hizo practicar en la pista y de a poco me fue dando lotes  pequeños. Al final de la campaña había fumigado unas 2500 hectáreas.
Hay muchas anécdotas que se podrán leer en ese anecdotario. Dos de los Aeroncas-Champión de Robetto con los que fumigué son estos.




Bueno la cuestión es que mi curso de piloto privado para eximirme de un año de servicio militar obligatorio cursó un derrotero de película. Primero que el Inspector Seguetti que me tomó examen, enterado de este propósito mio, me felicitó por la casualidad de que el tenía que elevar a los pocos días los pilotos en edad pre militar y yo era un afortunado de que el podía agregarme. La segunda que hice los exámenes médicos en Tandil (volaba todos los días en avión y hacía dedo hasta el cuartel) finalmente me llamaron y me informaron que me eximían del servicio por "sinequia costodiafragmatica izquierda", lesión en las pleuras de los pulmones que eran motivo de no hacer el servicio militar. Meses mas tarde en Puerto Madryn mis padres me hicieron hacer un estudio que no reveló ninguna lesión. Toda una fortuna para mi futuro como estudiante.

Cuando seguí mis estudios en Córdoba quería seguir volando pero no tenía dinero para hacerlo. Me conecté entonces con el Club de Paracaidistas Aguilas Blancas, con sede en Obispo Trejo al 1244 de Nueva Córdoba pero con su hangar en Santa María de Punilla, al lado del Aero Club cerca de Cosquin.


Allí hice entonces el curso de Paracaidista, que comencé en mayo de 1971, en que realicé en total 36 saltos, 10 automáticos y el resto comandados. Mi primer salto fue el 19 de junio de 1971 con las consecuencias que cuento más adelante. Aquí una foto de uno de los saltos y la que sigue con Alfredo Turco, "La Vieja" y un paracaidista del club.



El curso era relativamente económico y lo hice porque pensé que cuando supieran que era piloto quizá me ofrecieran volar el Ranquel 150 que tenían para tirar paracaidístas. Y esto más adelante ocurrió. Este avión era bastante escaso de potencia para su peso, y  por si fuera poco, la pista era muy corta. Siempre salíamos muy justos en las cabeceras, peor en la norte que había una fila de pinos. Era volado por la "Mona" Gonzalez un mecánico de Fuerza Aérea Argentina con el que estoy en esta foto antes de un salto con el Ranquel 150 del club.


En noviembre de 1971 el me habilitó,me bautizaron con barro por ser el nuevo piloto del club y fue una forma de seguir acumulando horas de vuelo gratis.


Este es un Ranquel 150 imagen de Google.

 Asi recibí el carnet el 7 de diciembre de 1971. 



Todos teníamos un apodo en el Club. A mi me habían bautizado Feculax por mi parecido a un muñeco de una propaganda de un talco o pañales de colitas secas. 



Al amigo que esta a mi lado lo bautizaron La Mofeta por sus bigotes.



Mi primer salto casi termina en tragedia. Subimos al Ranquel 150 con mi instructor y el piloto y comenzamos a ascender hasta los 700 metros que era la altura de salto de un automático. En el interin se levantó un viento muy fuerte y los que estaban en la pista pusieron las bandas que avisaban de suspender el salto (no teníamos en ese entonces radio y se usaban bandas grandes blancas para comunicarse con el piloto). Nadie las vio y yo salté. Enseguida me di cuenta de la fuerza del viento pero no podía hacer nada salvo que apuntar el paracaida contra el. Veía como abajo todos corrían hacia donde yo caería. Finalmente caí muy lejos de donde se había calculado, entre el monte y el golpe fue tan fuerte que creo me desmayé un momento. El casco roto y los músculos me dolieron como 15 días que no podía caminar. Por suerte no me quebré ningún hueso. Recuerdo que no podía ir a la facultad y me venían a visitar entre ellos el profesor Lutti de Ecología.




Parte del curso de paracaidista había que hacerlo imitando saltos en el Bombi del Regimiento de Infantería II de Córdoba. Allí, además de verificar nuestro coraje, saltábamos y bajamos por una especie de tirolesa, una soga hasta cerca del suelo donde debíamos caer de manera especial encogiendo las piernas para simular la caída que luego tendríamos con el paracaídas. Los paracaídas que utilizábamos eran una media naranja con tajos en T de un lado por donde escapaba el aire que entraba a esta media luna y esto le daba una velocidad de unos 4 km/h hacia adelante y nos permitía con dos taquitos en cada mano dirigirlos o girar para maniobrar en la caída y llegar al punto o cruz que debíamos acertar.
En julio de 1972 se nos quemó el club y recuerdo que recuperamos 4 paracaídas y pudimos reparar otros cuatro más. Otro club nos prestó dos más y estuvimos un fin de semana acomodando todo para volver a la normalidad.


El Bombi


Imagen de un paracaidas de Google.

La cuestión que además de saltar en paracaídas, comencé a volar y tirar compañeros. El Ranquel 150 era un avión de poca potencia (por esta razón la fábrica sacó el Ranquel 180). Tengo cartas donde le cuento a Mercedes que un fin de semana estaba hasta cansado de volar y tirar paracaidístas porque lo había hecho 4 horas seguido. También íbamos en algunas ocasiones a festivales aéreos que nos invitaban y llegábamos en el Ranquel y nos tirábamos antes de que el avión aterrice. En un festival que fuimos un piloto nuestro que trabajaba en la EPE y era bastante loco había hecho un desastre. El llevó una persona en vuelo de bautismo e hizo una pasada muy rasante que tocó el suelo, rebotó, con la rueda mató una persona y el avión se dió vuelta matandose el piloto y su pasajero. Fue una tragedia en esa localidad que creo fue Villa Fontana.


Foto volando el Ranquel 150 en Santa María de Punilla (Cosquin)

Asi pude acumular horas de vuelo que necesitaba también para realizar en la ciudad de Córdoba el curso de piloto comercial que pude ir haciendo en cursos nocturnos que termine aprobando en diciembre de 1971 en la escuela Presidente Sarmiento.


 Luego tuve que ir haciendo prácticas en el aeropuerto de Pajas Blancas en el simulador de vuelos, el Link. En abril de 1972 tengo registro de estas prácticas. Me faltó la práctica en avión de vuelo por instrumento que nunca pude hacer por falta de dinero y esta licencia nunca la pude completar.




Para terminar con el paracaidismo tuve en general mucha suerte porque salvo un salto complicado en el que se me enredaron las cuerdas y bajé girando a mayor velocidad que lo aceptable, abrí el emergencia y terminé cayendo en el rio Cosquín al agua y entre medio de grandes piedras no tuve otras emergencias.


Rio Cosquín.

Si tengo varias anécdotas tirando paracaidistas.En general los principiantes tenían miedo de saltar y quedaban sentados en la puerta diciendo: "Estamos! Vamos!" pero no saltaban. Entonces había que darles un empujón para que terminen saltando, empujón del que nunca se acordaban haber recibido. En otro vuelo un paracaidista experimentado se quedó colgado del montante y se hamacaba y balanceaba generando una situación complicada en el balance del Ranquel y dificultad para volar. Después de gritarle varias veces se soltó.
Otro caso fue el de un alumno y su primer salto. Todo parecía bien y el instructor estaba al lado pero este alumno tenía terror y cuando llegamos al momento del salto no lo quería hacer. El instructor lo empuja para que salte se dio vuelta en el aire como un gato y casi consigue agarrarse de la puerta del avión. Pero por poco no pudo y hizo su primer salto.
Tuve una emergencia con el Ranquel en noviembre de 1971. Los aviones tienen dos tanques de combustible. Uno en cada ala. Y una llave que permite utilizar el tanque izquierdo, o el derecho, o los dos en simultaneo. Desde que había hecho mi curso de piloto siempre había volado con "ambos", sin tener que mirar de como estaba lleno cada uno, solo mirando el combustible total remanente. Sin embargo en Córdoba utilizaban un tanque y cuando se vaciaba el otro. Por si fuera poco la llave estaba invertida y el "derecho" era el "izquierdo". En un vuelo que llevaba dos paracaidistas experimentados antes de llegar a la altura del salto se me "plantó" (se paró) el motor. Esto es una emergencia complicada en cualquier circunstancia. En la pampa húmeda hay muchos lotes para elegir y aterrizar sin complicaciones. Pero en Cosquín no. Sin embargo la providencia hizo que encontré un lote pequeño y volé hacia el. Les informé a los paracaidistas que iba a hacer y donde íbamos a aterrizar. Pero el que estaba del lado opuesto a la puerta quería saltar y le decía al compañero que saltara. Pero yo le expliqué que no tenían altura para abrir el paracaídas que se quedaran quietos y tranquilos. Fue un momento complicado pero que el paracaidista de la puerta aceptó mi consejo y no lo dejó pasar. Así llegamos a ese pequeño lote (tuve que hacer un deslizamiento para perder altura) y aterrizamos justo unos pocos metros antes de chocar con un alambrado. Sin romper nada y todos sanos y salvos. Mas tardes vino el piloto Gonzales y encontró que se había plantado el motor por falta de combustible y yo no había cambiado de tanque por desconocerlo. Felizmente todo terminó bien. En esta carta de le contaba a Mercedes el incidente.




Allí estaba la pista, al fondo el Hospital de Santa María de Punilla que alojaba personas insanas mentales que muchas veces se acercaban a nosotros, a la pista.
Cuando nos casamos con Mercedes en una oportunidad fuimos al Club y la llevé a volar en el Ranquel. Dimos una vuelta por el lago San Roque y una pasada rasante por la pista y una trepada muy intensa que hizo que me rasguñara toda la espalda. Siempre recordó la "locura" de haber aceptado dar esta vuelta en un avión sin puerta.
Para terminar mi vínculo con la aviación, cuando vivíamos en San Eduardo me hice socio del Aero Club Venado Tuerto para poder volar. Allí hice algunas horas. Pero conocí también a un querido piloto llamado Pepe Margaritini que tenía un Cessna 180 y me llevaba con el y como era Instructor de Vuelo me anotaba las horas como si hubiera volado yo. Necesitaba juntar 500 hs para poder hacer el curso de Piloto Aeroaplicador en Morón, curso que inicié pero finalmente no pude continuar por falta de dinero. Mientras tanto conocí a Jorge Blanco que era sobrino y piloto de avión que me entusiasmó para comprar un Cessna 180 y repararlo. Con cheques sin respaldo lo compré y lo fui arreglando en los aerotalleres de Cañada de Gomez.


Cessna 180 imágen de Google

Finalmente no pude seguir con esta idea y una vez reparado lo permuté por un Cessna 172 el que a su vez vendí. Así de a poco fui terminando esta historia con la aviación.

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