Llegué a Córdoba antes del Viborazo, febrero de 1971. Este fue mi primer contacto con una sociedad que estaba en ebullición. Recuerdo la enorme manifestación en la Plaza Velez Sarfield. Alguien gritó "viene la policía!" y paramos de correr cuando llegamos al departamento que alquilábamos en Nueva Córdoba. Cobardes o instinto de conservación. No estábamos preparados para estos momentos. Los días siguientes fueron de guerra en La Cañada empujada por los estudiantes y el sindicalismo, entre ellos el histórico Agustín Tosco. Aquí posiblemente, o antes en el Cordobazo, comenzó el lio y el germen del golpe militar del 76. Yo venía de Balcarce a la Facultad de Agronomía de Córdoba. Había conseguido trabajo en Catastro en el que estuve hasta terminar mis estudios. Un año después nos casamos con Mercedes y alquilamos en Villa Cabrera. Ya ese año y el siguiente comenzaron a circular los Falcon de la Triple AAA. Fueron momentos complicados y de mucho miedo. Los comentarios eran que te llevaban por cualquier motivo si te veían sospechoso. En julio del 74 terminé mis estudios, me recibí de Ingeniero Agrónomo, renuncié al trabajo de Catastro y me nombraron Jefe de Trabajos Prácticos de Nutrición Animal en la Facultad. Era un año de mucha convulsión estudiantil. La Facultad era tomada cada tanto y si estábamos adentro no podíamos salir, y los de afuera no podían entrar. A veces dos días hasta que una fuerza policial desocupaba. El 24 de marzo del 76 todo cambió. Comenzamos a eliminar los libros o folletos que podían despertar sospechas. En la Facultad "desapareció" un empleado administrativo supuestamente "buchon" de las Fuerzas Armadas. Me tocó en un colectivo por la Avenida Colón quedar en medio de un tiroteo. Una pareja de jóvenes que trabajaba en una pollería a la vuelta de casa fue ejecutado en un enfrentamiento. Nosotros estábamos de vacaciones. Nuestro vecino al que le habíamos dejado la llave vio los militares por los techos y cuando se fueron encontró debajo de nuestro tanque de agua montones de folleteria subversiva de estos chichos. La quemó y por suerte no la encontraron porque hubiéramos estado en grandes problemas. Tenía un compañero de Facultad que el suegro era un empresario muy grande de criaderos de pollitos bb. Una noche toda la familia fue "levantada", suegro, suegra, cuñados, abuelos y llevados a un pozo en la periferia donde fueron fusilados. Mi amigo y su señora se salvaron porque el suegro les había comprado hacía poco una vivienda y no estaban con ellos. Nunca más lo vi, me contaron que les ayudaron a escapar a España. Yo era paracaidista (además piloto) y casi todos los fines de semana íbamos al Club en Santa María de Punilla donde hoy se hacen los festivales de rock. Años después me enteré de tres amigos que pertencían a la guerrilla y uno fue ajusticiado por pertenecer al ERP. Nunca sospeché nada y creo que fue un milagro que no tuviera problemas por esta actividad que de por sí era sospechosa. Cuando viajábamos de noche había retenes ocultos de fuerzas armadas que te detenían. Aparecían de la nada. Teníamos las instrucciones: poner luces de posición para no encandilar, prender la luz interior para que te vean y bajar el vidrio sin hacer ningún movimiento raro. En la Facultad nos recibía un Capitán de la Banda de Música con un fusil arriba del escritorio. La Facultad era un edificio de unos tres pisos y subsuelo donde el estaba, largo y fino. A veces los estudiantes tiraban rompe portones en el piso superior y se armaba todo un lio. Fines del 76 estábamos durmiendo y escuchamos a la madrugada un "handie". Teníamos ya a Federico que había nacido en agosto del 74. El intercambio ya duraba mucho tiempo, quizá media hora. Yo con mucho temor me asomé a la calle pensando que era un operativo militar. No lo era. Un vecino había tenido un infarto y se trataba de una ambulancia. Estos miedos con los que vivíamos más un sueldo con el que no llegábamos a fin de mes, nos decidieron mudarnos a San Eduardo y comenzar con una actividad privada. Renuncié al cargo "full time" y me pidieron seguir "part time" lo que hice por un poco más de un año. Viajar una vez por semana a dar clases finalmente me agotó.
